El impulsor de Carretera Austral

Por: Oscar Aleuy Rojas

 

     Encadenados al recuerdo como náufrago imperecedero y romántico se encuentran los actos y las circunstancias de un hombre visionario y magistral, humilde regidor entonces y gran historiador después, a quien todos catalogaron como el loco Araya por la tremenda desfachatez de presentar la idea de la Carretera Austral en plenos poderes públicos de la capital de Chile. Este hombre se llama Baldo Araya Uribe y es a él a quien debemos no la gestión sino el simple impulso de la idea, el hecho de que se atreviera alguien a ir a los poderes centrales a dar la cara por Aysén. Lo que a todos les gustaría saber y creo que les encantaría es qué monos fue a pintar Baldo Araya a Santiago en Agosto de 1963, justamente cuando la aplicación del exitoso sistema del puerto libre hacía creer en el futuro de una provincia floreciente y el comercio respiraba uno de sus más opulentos períodos. Bajo esas circunstancias, las batallas edilicias y gobernantes eran una bolsa de gatos y cada cual se daba con el mocho del hacha donde cayera. Cuando salió electo regidor don Baldo Araya, la honorable ciudadana señora Betty Aguirre de Muñoz lo increpó diciendo que los regidores eran simples agentes que patrocinaban el tapado de hoyos de las calles y que no tenían imaginación. Araya reaccionó frente a este desafío y respondió a la señora diciendo lo primero que se le vino a la mente y que fue exactamente el proyecto de la carretera austral.

     ––Voy a iniciar una campaña ––comenzó la respuesta del regidor––, tendiente a conquistar para Aysén la prolongación de la Carretera Panamericana.

     A lo que doña Betty replicó:

     ––Bueno, señor regidor, veremos si cumple. Si lo consigue, entonces reconoceré que usted es verdaderamente un buen funcionario. Hasta ahora, ningún personero quería ostentar el grado más alto de la ridiculez al llevar a planos superiores una presentación tan descabellada como ésta.  Las reacciones de quienes escuchaban hablar por radio o escribir crónicas locales, era siempre la misma: está perdiendo la razón, el pobre no está sus cabales. Pero Araya logró empinarse por sobre aquellos que se creían intocables e infalibles. En uno de los viajes que hizo a Santiago, se quedó cierta vez más de lo previsto, porque se le ocurrió redactar un informe sobre lo que sería la futura carretera. Sin más ayuda que algunos fondos propios, logró mimeografiar 250 folletos de un par de hojas que procedió a repartir con mucha dificultad en la Presidencia de la República, los ministerios, las subsecretarías, las Intendencias del sur, los diarios, las revistas y las radios. De esa forma, Araya solo comenzó una campaña propia de un loco. Pero en todas partes le fue bien, ya que el folleto fue difundido y publicado por todos los medios.  Al transcurrir el tiempo y cumplida la primera etapa de la estrategia, Araya comenzó a recibir invitaciones. Y fue así que lo acogieron en sus despachos privados el subsecretario del Interior Patricio Silva, el jefe de programa de la CORFO señor Moreno, el subsecretario de Obras Públicas, el decano de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile y la directiva de Federación de Estudiantes de Chile, cuando el presidente era don Luis Maira.

     Ahora el loco Araya no estaba solo. Le acompañaba en las gestiones un hombre cabal e inolvidable, don Viterbo Apablaza, que en aquellos años era Secretario de Seminarios de la Universidad de Chile, un hombre visionario y romántico, gran amigo de Aysén, defensor acérrimo de los derechos de sus habitantes y de los desafíos que proponía la historia de una región abandonada. El fue quien guió los pasos de Baldo Araya para que la idea de la carretera llegara a ser mucho más que admirada, un hombre al que también se ha referido con relevantes conceptos el ex Intendente Gabriel Santelices.

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     Sin embargo, el propio Araya, que forma parte del grupo de los cinco reporteros y cronistas  que por su vasta experiencia y trayectoria recibieron la colegiatura de periodistas en otro histórico momento que ya abordaremos,  el propio hombre de letras, historiador y cronista reconoce que quien le dio mayor apoyo no fue Apablaza sino del Decano de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Chile, un tal señor D’Etigny y de los estudiantes de la Federación de Estudiantes de Chile, con un combativo Luis Maira que veía con  muy buenos ojos el advenimiento de una revolución social en las ideas y en las obras de la provincia más pobre y desconocida de Chile. 

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     Así estaba propuesto el escenario para que la futura proyección de la carretera pasara de ser la simple idea de un loco visionario a una realización fervientemente requerida por todos los ayseninos. Aunque en una entrevista ofrecida a la prensa local el loco Araya prometía en diez años una sobrepoblación para Aysén de 120 mil habitantes y un viaje a Puerto Montt ida y vuelta por tierra en 15 horas, todavía estamos lejos de aquellas osadas metas. La verdad es que aquello no le correspondía decirlo, simplemente estaba el hecho del poderoso grito de He aquí Aysén, que se escuchó en todos los ámbitos políticos y gubernamentales de Santiago.

     Por otra parte, el conocido gestor y diseñador de la plaza de Coyhaique, el socialista Jorge Dowling Desmadril, se lanzaba en picada en contra del regidor Araya, utilizando como tribuna un  pasquín de corta vida llamado Tribuna Popular y del cual era director, en estos términos: don Baldo Bito es muy hábil, nunca se queda en chicas. Ahora tiene un proyectazo, por el cual va a unir nada menos que Llanquihue con Aysén a través de una carretera pavimentada. Esto suena a algo así como a disparate y los técnicos de vialidad deben a esta hora con la cabeza a dos manos porque el proyecto de don Baldo Bito es impracticable, además de la tremenda plancha que nos hace pasar este regidor en Santiago.

     El año 1963 ya se había comenzado a construir el primer tramo entre Puerto Varas a Coyhaique (sic). La revista Rutas del Automóvil Club de Chile, que tenía aquí a su representante don Ramón Fernández Diez, decía que la obra carretera era un plan ambicioso y necesario para completar la Carretera Longitudinal Austral. Concluía que la obra era magnífica y que su realización se basaba en el dificultoso hecho de abrir un tajo en la montaña, creando una ruta que sea capaz de llegar hasta Coyhaique en su primera etapa y hasta Punta Arenas en la etapa definitiva, de tal manera que la Carretera Panamericana será prolongada a través de todo Chile. Entonces lo que había comenzado como un desafío personal hacia la observación de doña Betty Aguirre, fue transformándose en una idea con fundamentos. Y doña Betty fue la primera en reconocer la briosa gestión de Araya. Cuando su proyecto estuvo en marcha y el apoyo de diversos estamentos estuvo formalizado, el señor Araya  respiró tranquilo y comenzó a entregar declaraciones que dejaban en claro que la idea nunca había sido suya, sino de anteriores administraciones, y que él había actuado sólo como impulsor y motor y que el apodo de loco no le molestaba en absoluto sino que lo enorgullecía, afirmando que la conquista más grande es haber roto una falsa creencia, gracias a lo cual había quedado demostrado que Chile es capaz de hacer cosas grandes y Aysén también, pero sólo cuando las autoridades tiran el carromato para el mismo lado. El hecho de ser el principal gestor intelectual de la idea de la carretera, le produjo muchas satisfacciones a don Baldo, no así la principal que es una pensión de gracia por servicios prestados al Estado de Chile, asunto que no se le ha tramitado. Uno de nuestros actuales senadores, el reconocido ex profesional de Vialidad Antonio Horvath era el más contento y agradecido cuando se le regaló un viaje de reconocimiento a Araya y su viejita Mercedes, que ya descansa en paz, quienes por disposición de la autoridad de la época, fueron homenajeados públicamente, recorriendo palmo a palmo las obras recién inauguradas y siendo atendidos espléndidamente. Pero no basta con estos reconocimientos, ni llaves de la ciudad ni cortes de cintas o bandas tocando para ellos con vítores de fondo. Creemos que el señor Araya merece contar ya con una pensión de gracia, dada su precaria situación y sus limitaciones que le impiden seguir escribiendo como antes. Las obras de Araya brillan con luces propias, su paso por los diarios y periódicos, por las radioemisoras y por todo medio de comunicación que haya pasado por la región, le ponen en el primer asiento de esta gran obra integradora llamada progreso.

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     Pensamos que don loco Araya merece más que aplausos y genuflexiones, ayudas concretas. Nadie como él supo atreverse a desafiar los primeros pasos de una carretera austral. So pena de caer en el ridículo, Araya alcanzó a vencer finalmente a los gigantes de viento y arremeter contra la santurrona posición de autoridades estatizadas por el trámite, que esperaban inútilmente que Santiago se fijara en nosotros. ¡Cómo no rendirle pleitesía a la obra de un soñador, al gran proyecto de un regidor disparatado que fue visionario en un tiempo difícil! ¡Cuántos locos como él deberían estar manejando ahora los destinos de la región!

 

 
FUENTE: Diario El Divisadero | Publicado el 10 de junio de 2009
 

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